Marsella, alma Mediterránea


La isla de If es famosa por ser uno de los escenarios de la novela de Alejandro Dumas ‘El conde de Montecristo’.

La ciudad más antigua de Francia mantiene su esencia marinera sin dejar de mirar hacia el futuro, que se concretará en el año 2013, cuando se convierta en Capital Europea de la Cultura.
Es el primer puerto de Francia, su ciudad más antigua y la segunda más poblada. Enclavada entre los fuertes de San Juan y de San Nicolás y con veintiséis siglos de historia a sus espaldas, ha acogido a culturas tan dispares que el escritor Alejandro Dumas la bautizó como “el punto de encuentro de todo el mundo”. Esa definición continúa siendo válida hoy en día , y la mejor manera de comprobarlo es empezar la visita a la ciudad haciendo un paseo matinal por el Puerto Viejo, uno de los lugares más animados de Marsella y en el que, a pesar de la modernización experimentada en los últimos años, aún conserva su esencia marinera. En esa zona los apartamentos, los hoteles de lujo y los veleros conviven ahora con las pequeñas barcas de los pescadores, que cada mañana descargan y venden el pescado en el muelle de los Belgas, en un pequeño mercado al aire libre que vale la pena visitar. Desde el Puerto Viejo salen diferentes embarcaciones que ofrecen recorridos por la costa y también visitas a la isla de If, una de las cuatro que forman el archipiélago de Frioul, situado delante de la bahía de la ciudad. En esa isla, desde la que se puede apreciar una bonita vista de Marsella, se erigen un faro y un castillo del siglo XVI que había sido una fortaleza y posteriormente una prisión, famosa por ser uno de los escenarios de la novela de Alejandro Dumas ‘El conde de Montecristo’.

Puerto viejo de Marsella

De vuelta a tierra firme, la ciudad ofrece diferentes zonas para descubrir. Una de ellas es el barrio de Panier, situado detrás del Fuerte de San Juan; es uno de los más antiguos y con más encanto, gracias a sus callejuelas estrechas y rincones llenos de pequeños cafés y comercios tradicionales. Entre los productos estrella del barrio está el chocolate artesanal, que puede encontrarse en establecimientos emblemáticos, como La Chocolatière du Panier (47, Rue du Petit Puits), y los famosos jabones de Marsella, de mil formas, colores y olores, que se venden en tiendas como La Compagnie de Provence (1, Rue Caisserie) o la Place Aux Huiles (2, Place Daviel). El barrio cuenta también con dos de los edificios más representativos de la ciudad: la Antigua Charité y la catedral La Mayor.
El primero es una bella construcción del siglo XVII que antiguamente había sido un hospicio y que, desde el año 1986, funciona como un centro cultural multidisciplinar que acoge diferentes museos y una filmoteca, entre otros. El segundo se encuentra en la parte oeste del barrio, muy cerca del mar. Declarada monumento histórico, la catedral La Mayor es un edificio de estilo románico-bizantino de finales del siglo XIX. Muy cerca se encuentra la iglesia de Saint-Laurent, de estilo románicoprovenzal, la única parroquia de la época medieval que se conserva en la ciudad.
El atardecer es el momento perfecto para dirigirse al punto más alto de Marsella, en la colina de la Guardia, situada a 154 metrosde altitud, desde donde se puede gozar de unas vistas panorámicas espectaculares de la ciudad y donde se encuentra la basílica de Nuestra Señora de la Guardia. Uno no puede marcharse de Marsella sin probar la bullabesa, una sopa elaborada con una combinación de pescado y marisco de la zona.
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