Fin de año con Spanair

El deseo de hacer algo especial para celebrar estas fiestas se puede convertir en realidad en cualquiera de los destinos de la aerolínea. Os sugerimos algunos de ellos.Cuando se acerca la Navidad, son muchos los que se proponen huir de las rutinas de cada año y regalarse una estancia de unos días en alguna ciudad con encanto o cambiar el frío por el sol y la playa. La mayoría de los grandes hoteles ofrecen, a parte de las tradicionales cenas y fiestas, un sinfín de actividades para que sus huéspedes pasen unas Navidades inolvidables. La estancia puede completarse, además, con rutas turísticas, gastronómicas y de ‘shopping’ en el lugar que se visita. ¿Quién puede resistirse a ello? Os proponemos Madrid, Múnich, Nápoles, Tenerife, Lanzarote y Marbella como destinos para hacer realidad vuestros deseos.

Barcelona: Hotel Mandarin Oriental
El Mandarin oriental de Barcelona cuenta con una excelente ubicación en el famosos Paseo de Gracia de la ciudad, cerca de la Casa Batllço de Gaudí. Este hotel de lujo está situado en un elegante edificio de mediados del siglo XX y alberga dos restaurantes exquisitos: “Moments” que se caracteriza por la cocina tradicional catalana de una de las chefs más reconocidas del mundo, Carme Ruscalleda, y “Blan”, que ofrece especialidades catalanas y orientales del chef Jean Luc Figueras. Ambos proponen menús especiales para la víspera de Año Nuevo. El menú del “Moments” (310 euros) incluye entre otras delicias, las ostras con un toque de limón, el cangrejo rey, la sopa de trufa negra y raviolis de foie gras. Por otro lado, “Blan” ofrece un seducntor menú de Año Nuevo (300 euros) basado en platos como el caviar con royale de coco, ensalada de langosta, foie con piña y ciervo con membrillo especiado. Leer más de esta entrada

Marsella, alma Mediterránea

La isla de If es famosa por ser uno de los escenarios de la novela de Alejandro Dumas ‘El conde de Montecristo’.

La ciudad más antigua de Francia mantiene su esencia marinera sin dejar de mirar hacia el futuro, que se concretará en el año 2013, cuando se convierta en Capital Europea de la Cultura.
Es el primer puerto de Francia, su ciudad más antigua y la segunda más poblada. Enclavada entre los fuertes de San Juan y de San Nicolás y con veintiséis siglos de historia a sus espaldas, ha acogido a culturas tan dispares que el escritor Alejandro Dumas la bautizó como “el punto de encuentro de todo el mundo”. Esa definición continúa siendo válida hoy en día , y la mejor manera de comprobarlo es empezar la visita a la ciudad haciendo un paseo matinal por el Puerto Viejo, uno de los lugares más animados de Marsella y en el que, a pesar de la modernización experimentada en los últimos años, aún conserva su esencia marinera. En esa zona los apartamentos, los hoteles de lujo y los veleros conviven ahora con las pequeñas barcas de los pescadores, que cada mañana descargan y venden el pescado en el muelle de los Belgas, en un pequeño mercado al aire libre que vale la pena visitar. Desde el Puerto Viejo salen diferentes embarcaciones que ofrecen recorridos por la costa y también visitas a la isla de If, una de las cuatro que forman el archipiélago de Frioul, situado delante de la bahía de la ciudad. En esa isla, desde la que se puede apreciar una bonita vista de Marsella, se erigen un faro y un castillo del siglo XVI que había sido una fortaleza y posteriormente una prisión, famosa por ser uno de los escenarios de la novela de Alejandro Dumas ‘El conde de Montecristo’.

Puerto viejo de Marsella

De vuelta a tierra firme, la ciudad ofrece diferentes zonas para descubrir. Una de ellas es el barrio de Panier, situado detrás del Fuerte de San Juan; es uno de los más antiguos y con más encanto, gracias a sus callejuelas estrechas y rincones llenos de pequeños cafés y comercios tradicionales. Entre los productos estrella del barrio está el chocolate artesanal, que puede encontrarse en establecimientos emblemáticos, como La Chocolatière du Panier (47, Rue du Petit Puits), y los famosos jabones de Marsella, de mil formas, colores y olores, que se venden en tiendas como La Compagnie de Provence (1, Rue Caisserie) o la Place Aux Huiles (2, Place Daviel). El barrio cuenta también con dos de los edificios más representativos de la ciudad: la Antigua Charité y la catedral La Mayor.
El primero es una bella construcción del siglo XVII que antiguamente había sido un hospicio y que, desde el año 1986, funciona como un centro cultural multidisciplinar que acoge diferentes museos y una filmoteca, entre otros. El segundo se encuentra en la parte oeste del barrio, muy cerca del mar. Declarada monumento histórico, la catedral La Mayor es un edificio de estilo románico-bizantino de finales del siglo XIX. Muy cerca se encuentra la iglesia de Saint-Laurent, de estilo románicoprovenzal, la única parroquia de la época medieval que se conserva en la ciudad.
El atardecer es el momento perfecto para dirigirse al punto más alto de Marsella, en la colina de la Guardia, situada a 154 metrosde altitud, desde donde se puede gozar de unas vistas panorámicas espectaculares de la ciudad y donde se encuentra la basílica de Nuestra Señora de la Guardia. Uno no puede marcharse de Marsella sin probar la bullabesa, una sopa elaborada con una combinación de pescado y marisco de la zona.
Spanair conecta Barcelona y Marsella con tres vuelos semanales los lunes, miércoles y viernes.

Gemma Mengual,una sirena en Zagreb

A la nadadora catalana, doble medallista olímpica e icono internacional de la natación sincronizada, le gusta perderse en las ciudades y descubrir rincones alejados del turismo convencional. Exploramos Zagreb con ella.
“Importa poco no saber orientarse en una ciudad. En cambio, perderse en ella como quien se pierde en un bosque requiere cierto aprendizaje.” La frase es del filósofo Walter Benjamin. Y encaja a la perfección con la filosofía de Gemma Mengual. Aunque no es algo que tenga la oportunidad de hacer a menudo, ya que, pese a haber viajado mucho, las exigentes jornadas de trabajo de la competición de élite le dejan poco tiempo para conocer los destinos en los que recala. “Casi todas mis visitas al extranjero han consistido en dejar las maletas en el hotel, entrenar, dormir seis horas, competir y recoger el equipaje para ir corriendo al aeropuerto”, explica. Es por eso que, cuando Gemma viaja en su tiempo libre, disfruta paladeando cada momento con detenimiento, sentándose a tomar un ‘macchiato’ en un café diminuto o deteniéndose a escuchar los acordes que saltan del violín de un músico callejero.
Recorrer una ciudad con ella es recrearse en los pequeños detalles que hacen grandes las cosas. Lo descubrimos cuando la acompañamos a un Zagreb que empieza a despertarse de la modorra invernal. Aquí la nieve se está fundiendo ya y sus habitantes han iniciado una rutina que ellos, entre risas, llaman su “deporte nacional”: sentarse en terrazas a ver la gente pasar.
El día empieza con una visita al mercado de Dolac, situado en el corazón del casco antiguo de Zagreb, capital y ciudad más grande de Croacia. En Dolac, todas las mañanas, se despliegan al aire libre, bajo parasoles rojos, paradas con frutas, miel, quesos, leche, hortalizas y flores. El bullicio continúa no muy lejos, en la calle Tkalciceva, salpicada con terrazas de cafés a lado y lado. Gemma Mengual se sienta en una de ellas y, mientras espera al camarero, nos comenta que, tras décadas de férrea disciplina deportiva, en 2010 ha decidido tomárselo con más calma. “Es mi año semisabático”, bromea mientras encarga su inseparable ‘macchiato’. Leer más de esta entrada

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